Recomendaciones de psiquiatra confinado

 

Confinamiento, ¡uff, vaya palabra!. ¿Qué puedo aportar yo como médico-psiquiatra para sobrellevar estas semanas tan difíciles para todos?

Bueno, aparte de lo que se escucha en los medios de tener organizado el día, horarios y demás, yo portaría algo desde la Medicina Evolucionista y desde mi experiencia como psiquiatra.

Como bien dice el Dr Campillo Álvarez, somos monos estresados fuera de nuestro ambiente natural (en el que evolucionó nuestro organismo y su funcionamiento a lo largo de cientos de miles de años). Ahora, más que nunca, estamos fuera de ambiente, encerrados, con el efecto multiplicador nocivo que esto tiene sobre nuestra fisiología.

La vida moderna, por sí sola, genera muchas tensiones (reacciones defensivas, estrés) que normalmente se nos van acumulando, llevándonos a enfermar en ocasiones (ansiedad, depresión, patología psicosomática…). En el ambiente ancestral que ya no tenemos, la respuesta animal frente a un peligro sería obvia: atacar, huir o hacerse el muerto. Todas ellas implican actividad muscular. Así estamos hechos. Ante un peligro, lo que nos pide el cuerpo es movernos, atacar, saltar…(también hablarlo mucho, después). Es una manera de compensar, mediante el gasto energético muscular, toda la cascada química desatada en nuestro pobre organismo.

Todo este rollo, para decir que, desde mi punto de vista, de acuerdo con la medicina darwiniana, la primera y principal medida para no enfermar en este estado de confinamiento que multiplica nuestro estrés, es el movimiento. «Ante el confinamiento, movimiento». Cada uno que se mueva como más le guste, bastante tenemos con estar encerrados y con tanta norma. Moverse para «quemar» estrés, para equilibrar todo ese movimiento de neurotransmisores y hormonas (noradrenalina, adrenalina, cortisol…) desatado por la situación que vivimos.

Por otro lado, estar con nuestra familia tanto tiempo y con tantas estrecheces, puede ir enredando nuestras relaciones, que tal vez ya estaban algo enredadas. Esto supone mucho sufrimiento también y puede ocasionar un estado de tensión continuo, al no poder escapar a la calle, al trabajo o con alguna amistad y puede llevarnos a tener síntomas de ansiedad o depresión.

Para esto es muy recomendable tener estructurado el día y marcarse algún objetivo, sin duda…pero también pienso que es necesario hablar con otras personas diferentes de las de la casa, aprovechando las herramientas tecnológicas de que disponemos. De esta manera, podemos suplir la tan necesaria socialización… esto creo que todos lo hacemos, aunque yo aquí abogaría por una comunicación lo más humana posible, es decir, mejor hablar por teléfono o por videollamada que a través de mensajería tipo WhatsApp, o al menos no quedarse exclusivamente en esta última, que para mí empobrece un poco. En algunos casos, será necesaria ayuda profesional (psicoterapia), que ayudará a ir tomando distancia de estas fricciones que traen estas relaciones de interdependencia patógena. Es posible, aún en confinamiento, realizar una terapia online…si nuestras propias estrategias no funcionan o se ven desbordadas.

Tambien pueden resultar muy útiles algunas herramientas para las que no hace falta nadie más. Me refiero a la meditación y al yoga, que nos pueden ayudar a bajar el ritmo, reaccionar menos y tomar perspectiva de las preocupaciones, las noticias y los problemas de relación que podamos tener.

Hay aplicaciones que funcionan muy bien para aprender yoga y meditación y que en estas semanas creo que son gratuitas. Para meditación recomiendo HEADSPACE y para yoga DOWNDOG (disponibles para android y para iPhone), aunque hay muchas más.

Si nuestros mecanismos se ven sobrepasados, a pesar de nuestros intentos porque no sea así, entonces tal vez sea necesario consultar con un psiquiatra, que sabrá identificar los mecanismos que nos hacen sufrir y nos indicará la mejor manera de poner las condiciones para que estos síntomas se vayan pasando. Pueden ser necesarios fármacos, o no.

Espero que a alguien le sirva, porque aunque casi todo es de sentido común ya sabemos que es el menos común de los sentidos.